Miryam Quiñones

2017-08-18T21:48:00+00:00 18 agosto, 2017|Categories: Entrevistas, Noticias|
Por Carlos E. León • La Habana

Una cantora auténtica y perseverante nos visita por cuarta vez. En varias ocasiones nos hemos encontrado, hemos cantado juntos y hemos compartido ideas, y eso ha ido creando una hermosa amistad. Hoy, quiero prolongarles nuestra última conversación aquí, en La Habana, aprovechando su nueva estancia en la Isla.


Miryam, esta no es la primera vez que vienes a Cuba; repites en venir a Cuba e insistes en venir a Cuba, ¿por qué?

Definitivamente soy una reincidente.

El primer viaje se dio casi de casualidad, vine a una reunión de la Tropa Cósmica. Surgió, tomamos la oportunidad de inmediato y vinimos, en aquel momento con el grupo del cual yo formaba parte, que era Silvio a la carta. Quedé totalmente fascinada, tanto por la ciudad, La Habana, como por el motivo de aquel viaje, el encuentro con un grupo de amigos, de locos internautas a quienes los unía el gusto por la música de Silvio Rodríguez y por la trova en general. Fue la primera vez que visité Cuba.

La segunda vez, fue en el año 2003 cuando, habiendo conocido a Pepe Ordás unos meses antes en Lima, él me propuso la idea de hacer un concierto juntos en La Habana, un A guitarra limpia en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en agosto del 2003. Aquella fue la primera ocasión en que vine especialmente para cantar, para ofrecer mi canto aquí. Fue también una ocasión que recuerdo con mucho cariño, de hecho, hace muy poquito estuve en el Centro Pablo y me cuentan ellos que se sigue recordando ese concierto de manera especial, lo que me hace muy feliz.

La tercera vez vine por una convocatoria de Vicente Feliú, otro trovador a quien quiero y admiro profundamente que, como bien sabes, lidera el movimiento Canto de todos, del cual orgullosamente formo parte junto con otros compañeros latinoamericanos, y esto fue en ocasión del aniversario 40 del asesinato al Che, en octubre del 2007 —exactamente en el inicio de lo que Vicente denominó “el año guevariano” y que terminó en junio del 2008 con una serie de eventos que se hicieron en Rosario, Argentina, en los cuales también participé, afortunadamente—. Ese viaje fue precioso porque confluímos varios representantes de diversos países de Sudamérica: estuve yo por Perú, Panchito Villa de Chile, los Negro y Blanco de Bolivia, el Gabo Zequeira de Argentina, Ricardo Flecha de Paraguay, y fue muy lindo, hicimos una serie de conciertos que nos llevaron por Santa Clara, Pinar del Río y terminamos en un concierto precioso en la Casa de las Américas, aquí en La Habana.

Este cuarto viaje, que yo esperaba ya con ansias porque tenía muchas ganas de volver, se debe a un nuevo proyecto que tenemos junto con Vicente, de un disco homenaje al poeta peruano Javier Heraud. Es un disco que nos anda dando vueltas por la mente hace ya algún tiempo, y en la última visita que hizo Vicente a Lima, hace unos tres meses, nos juntamos y decidimos que había que concretarlo ya, porque tenía que dejar de ser un sueño y convertirse en una realidad. Este viaje tiene ese motivo principal: realizar todo lo que es la preproducción de este nuevo disco, definir todos los detalles, cuáles son los temas que van a ir, quién hace cuál, cuáles hacemos a dúo, qué instrumentos intervienen, en qué tonalidades, en fin, todos los detalles de una preproducción; y la grabación se va a realizar en enero del año que viene. Por supuesto, también voy a tener la posibilidad de brindar mi trabajo y mi canto.

 

¿Cómo decides ser una cantora con tus características?

Mi primer contacto con lo que se llama la trova fue a través de la música de Silvio, en esa etapa de transición entre el colegio y la universidad. Recuerdo que la primera canción que yo escuché fue “Ojalá”, tocada por mi hermano en la casa alguna tarde y me quedé totalmente fascinada, porque era algo totalmente distinto a lo que hasta ese momento yo había escuchado en el circuito comercial o los discos que ponían mi padre y mis hermanos en la casa. Era poesía con música, que se tocaba y se cantaba, algo muy extraño para mí. Le pregunté qué era lo que estaba tocando y me contó que existía un trovador cubano llamado Silvio Rodríguez. Yo no tocaba la guitarra entonces, para mí era complicadísimo intentar recrear eso también. Entonces, a raíz de ese descubrimiento, decidí que quería tocar la guitarra para cantar esas canciones.

Al tiempo que pasaba esto, entré en la universidad. Había talleres de arte —en los que me inscribí inmediatamente—, y un grupo de canción latinoamericana; y fue, precisamente, en ese grupo donde se empezó a desarrollar todo esto de la música, de la trova, de la canción de autor, tanto cubana como de otras partes de Latinoamérica. En este taller de música confluían estudiantes de diversas facultades y años, fue una etapa muy especial donde formé el grupo de amigos más queridos y duraderos que tengo hasta ahora.

La música de Silvio fue la que me abrió las puertas a la trova, a la trova cubana en primer lugar, y a la trova latinoamericana en general. Después vendrían los tiempos de Silvio a la carta.

 

¿Qué es Silvio a la carta y cuál fue tu participación dentro de él?

Silvio a la carta existe, sigue siendo un grupo que se dedica a recrear y versionar temas de Silvio Rodríguez.

Comenzó como un colectivo universitario, éramos casi todos estudiantes de la Universidad de Lima. Cuando comenzamos éramos diez personas quienes formábamos este colectivo, creado por María Elena González, una muy querida amiga mía de Perú. Su característica principal, que se ha mantenido hasta el momento y por la cual se llama “a la carta”, fue algo en ese momento muy novedoso, consistía en entregar a la persona que iba al recital un menú de canciones y un papelito en el cual cada quien podía escribir su pedido musical. Todos estos pedidos se recogían de las mesas y a partir de ellos se iba armando el espectáculo; o sea las canciones que iban a estar en el repertorio de esa noche. Esta forma de hacer gustó muchísimo y fue un grupo que tuvo mucho éxito desde el comienzo. Luego, al paso del tiempo, cambiaron algunos de los integrantes. Ahora solo está conformado por cinco personas y su actividad ya no es tan frecuente como en sus inicios; pero sigue existiendo.

Fue una etapa muy linda, de hecho, ahí descubrí muchísimo más la música de Silvio Rodríguez, y también de otros cantores cubanos y latinoamericanos; pero en algún momento comencé a sentir la necesidad de hacer un camino por mi cuenta, también interpretando autores diversos, de diferentes países y generaciones. Silvio siguió siendo siempre un referente fundamental; pero también yo incorporaba en mi repertorio canciones de otros autores.

Silvio a la carta es un grato recuerdo, aunque ya hace varios años que dejé de formar parte de él.

 

¿Qué relación tienes con otros trovadores cubanos, además de los que ya has mencionado?

Afortunadamente, he tenido la suerte de poder viajar mucho, y encontrarme, tanto en Perú como en otros lugares, con otros trovadores cubanos de diferentes generaciones.

He tenido la suerte de conocer a estos grandes maestros referentes fundamentales para mí, como Silvio, Vicente, Augusto Blanca, Lázaro García; pero, además, he podido conocer a los que han venido después. He compartido escenarios con Santiago Feliú, Frank Delgado; me he encontrado en diversos eventos musicales con los más jóvenes, como Fernando Bécquer, Samuel Águila, Silvio Alejandro, Ihosvany Bernal, Diego Cano, Inti Santana… Incluso, en este viaje, he tenido ocasión de compartir varios espacios musicales con los chicos y estoy conociendo a gente más nueva aún, ya sería pues la recontranovísima trova. Me encanta empezar a descubrir, o seguir descubriendo nuevos autores, nuevas canciones, y ver cómo los que he conocido anteriormente van avanzando en su trabajo y van haciendo su camino.

Pero también sé que tienes una relación fuerte con cantores y compositores, de tu país y de otros países de Latinoamérica…

Así es, he tenido la suerte de poder viajar mucho con este camino del canto, y descubrir cuánto talento hay en todos los países de nuestra América. He podido conocer a muchos cantores de diferentes países, sobre todo en Argentina en los últimos tiempos, porque Argentina se ha convertido casi en mi segunda casa desde hace unos tres años —vivo un poco a caballo entre Buenos Aires y Lima—, y he recorrido mucho el interior de este país, que es inmenso, creo que me faltaría la vida para conocerlo todo, y en esas ciudades he ido descubriendo cada vez a nuevos cantores, a nuevos compositores. Allá es increíble la cantidad de músicos que hay y lo buenos que son todos.

En el Perú también hay muchísimo talento. Hay un movimiento de cantautores, que en los últimos tiempos, afortunadamente, se está dando un poco más a conocer y se está organizando un poco mejor, que era lo que faltaba para poder mostrar mejor el trabajo al gran público.

Tenemos trovadores desde añales, obviamente una cantora imprescindible es Chabuca Granda, que marcó un antes y un después y que de alguna forma ha sentado el precedente de todo lo que se ha hecho luego en cuanto a música peruana. Después de ella te podría mencionar a Kiri Escobar, Andrés Soto… Hay cantautoras también, que de pronto no se han dado mucho a conocer; pero tienen un trabajo realmente maravilloso. Te puedo hablar de Pepe Villalobos, tanto el padre como el hijo, Javier Lazo, Omar Camino que es un cantautor de la nueva hornada —entre comillas, porque tiene ya varios años haciendo música, pero en este último tiempo se está dando más a conocer como se merece—.

Hay muchos más, y confío que en algún momento puedan tener el espacio que merecen, tanto en el Perú como fuera, que se les conozca y se les difunda como debe ser.

 

Descríbeme ese movimiento, al que tú perteneces, y que se llama Canto de todos.

Canto de todos es un movimiento que lidera Vicente Feliú y que intenta congregar a todos los que estamos en este camino que Vicente llama de lucha. La palabra guerra puede sonar un poco brusca; pero creo que es eso en realidad, de hecho, es el lema de Canto de todos: “guerreando por la maravilla”, y lo asumimos como una lucha constante por intentar ofrecer un canto que contenga algo, un canto que aporte algo a quien nos está escuchando. Por lo menos así es como yo lo veo y creo que no me equivoco si te digo que todos compartimos ese pensamiento.

Intentamos eso: aportarles algo a los que nos están escuchando, dejarles un mensaje de belleza, de sensibilidad, de reflexión, de compromiso. Todos tenemos, además, una visión similar del mundo, de la vida, de aquello que quisiéramos cambiar, y nuestra arma es esa, nuestra arma es la música, nuestro canto, nuestra voz.

Vicente tiene en mente ir sembrando y, a la vez, recogiendo. Él trata de abrirnos el espacio, el camino a los nuevos cantores. Recuerdo que, en una ocasión, estábamos con los chicos, alguna vez que nos convocó y nos dijo que él y los de su generación no eran eternos y que alguien tenía que tomar la posta, y que éramos nosotros esos llamados a tomar la posta; es por eso que nos estaba convocando y estaba tratando de ayudarnos a que se diera a conocer nuestro trabajo y de ir abriéndonos el sendero para que continuáramos por esa ruta, porque él era consciente de que alguien tiene que darle continuidad a eso, y esos somos nosotros, los que formamos Canto de todos.

Un recuerdo y una sensación. En el año 2007 fue la última visita de Silvio a Lima, y en esa oportunidad él dio un gran concierto en el Jockey Plaza y fuiste su única invitada, estabas a su lado representando la canción peruana. ¿Qué recuerda Miryam Quiñones de ese momento y qué significación tuvo para ti?

Lo recuerdo medio como un sueño, como si estuviera en una nebulosa. Fue una experiencia a todo nivel importantísima, tanto a nivel profesional como a nivel personal.

Descubrí este tipo de música a través de Silvio, y hay un antes y un después en mi vida en el momento en que se me reveló este tipo de canto y cuando decidí que quería enrumbar hacia ese camino, que ya no quería ser comunicadora social, ni lo que había estudiado ni nada, sino que yo quería ser cantante de trova. Esa canción es lo que yo le quiero dar al que me escuche cantar.

Entonces, a nivel personal, que a ese primer referente que ha sido fundamental todo este tiempo, unos años después llegara a conocerlo personalmente, que vaya a cantar a mi país después de 21 años de su última visita, y que decidiese tener un invitado, y que decidiese que fuera yo, era como un sueño cumplido. Y a nivel profesional sentir que con esa invitación estaba respaldando y validando mi trabajo, a mí me hizo sentir que probablemente no lo estaba haciendo tan mal: si Silvio Rodríguez me está invitando a cantar en su concierto, será porque estoy haciendo las cosas más o menos bien.

Fue una noche mágica, importantísima para mí, muy especial, y cuando pienso en eso lo recuerdo como un sueño.

 

Te doy tres palabras, solo tres, para que tú definas a Miryam Quiñones.

Cantora…, auténtica, o por lo menos lo intento…, y perseverante.