Josefina Di Candia

CRITICA

por Rafael Squirru

Realmente magistrales son los dibujos en carbonilla sobre tela de Josefina di Candia, así como los que están realizados con técnicas mixtas. El que más me impresionó es “El maniquí”, de 180 centímetros de alto por 70 centímetros de lado. La masa negra central se impone al ojo inteligente con la rotundez de un mazazo. No le van en zaga las pinturas, de modo especial las que están ejecutadas al óleo. No se trata solamente del dominio técnico que caracteriza a todos y cada uno de sus trabajos, sino también al hecho de que la artista ha encontrado una noble fuente de inspiración en el mundo de los juguetes. Muñecas y muñecos entreverados con ositos y figurillas, resultan orquestados armónicamente, obedeciendo a una batuta que responde a los más íntimos anhelos de Josefina di Candia. Estos anhelos configuran un cosmos obediente a las leyes del Dharma, ya que nada es tan ilusorio y ridículo como pretender violarlas impunemente. Como bien dice Luis Barragán: “En materia de arte no se hace lo que se quiere, sino lo que se debe”. Cumple a cabalidad con ésa, la mayor de las exigencias, esta artista que así se enriquece la poderosa escuela de Buenos Aires.

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